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Auroras boreales una noche cualquiera en Groenlandia

Robert 092

Eran las dos de la mañana en algún lugar de la costa oeste de Groenlandia cuando sonó el teléfono en mi cabina. Por supuesto que yo estaba dormido cuando eso sucedió, con lo cual me costó reaccionar tanto al insistente sonido del teléfono, como a la dulce voz de la doctora de a bordo, Tatiana, quien me alentaba a levantarme, que afuera había «Northern Lights». Jamás había visto las auroras boreales, por lo cual mis niveles de excitación disiparon, en seguida, aquel letargo propio de quien recién se despierta.

Me vestí lo más rápido que pude y salí a la cubierta, donde no solo se encontraba Tatiana, sino también Will y Liz, dos amigos australianos y compañeros de trabajo a la vez. Había estrellas en el cielo oscuro, pero aquello no llamaba mi atención. Lo que despertaba mi curiosidad y mi asombro era una banda verde fluorescente, que se movía como una serpiente en la noche, hacia arriba y hacia abajo, cambiando la posición de sus extremos, como si fuese una sucesión de olas largas. Por momentos al verde intenso se agregaban bordes de un violeta pálido, que convertían la escena en algo más sobrenatural aún.

El pequeño grupo estaba alucinado ante el fenómeno, novel para ellos también, y casi no hablábamos, más allá de alguna expresión de alegría o regocijo. Estuvimos un poco más de una hora, hasta que aquellas luces misteriosas se hicieron más pálidas, casi invisibles. Embriagados de un contagioso entusiasmo, antes de irnos a dormir compartimos por un rato aquella experiencia. La noche no fue capaz de ocultar nuestras sonrisas ni el silencio de apagar nuestras voces.

Explicar racionalmente el fenómeno es más una tarea de un científico, cosa que no soy. Personalmente me identifico más con las letras y con los poetas, y qué mejor que citar las palabras del siempre vigente Julio Cortázar: «la mentalidad científica quiere que todo tenga explicación, incluso lo maravilloso». Antes que tratar de entender el origen de aquel milagro, prefiero pensar en esa declaración tan cierta, y acordarme de ese momento como algo mágico, casi de otro planeta.

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