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Más allá de los pasos del hombre

Beyond Man's Footsteps exhibited 1894 by Briton Riviere 1840-1920

Nunca pensé en que viajaría al Ártico. Jamás soñé con visitar Groenlandia y hasta hace poco no tenía idea dónde quedaba Svalbard o Franz Josef Land. Pero dentro de muy poco estaré ahí, navegando esos mares helados, avistando ballenas, focas, morsas y, espero, osos polares.

Hace muy poco visité el museo Tate Britain, en Londres, y si bien mi interés principal fue la obra de Turner, en un desvío fortuito me encontré con una pintura titulada Beyond Man´s Footsteps. El artista, Briton Riviere, con los aires bucólicos propios del romanticismo (quizá uno de mis períodos favoritos en la pintura universal), pintó un oso polar, mirando desde el extremo de un risco, durante el atardecer. En el fondo, agujas distantes, verticales, aún doradas por el sol pronto a caer. Todo esto inserto en un mundo de hielo, azul, blanco, prístino. Un Ártico remoto, salvaje. Así lo vio o, más seguramente, lo imaginó el artista en 1894, el año en que esa pintura se expuso en la Royal Academy.

En cuanto a mí, no tenía una imagen prefijada de cómo sería o cómo son los suburbios del Polo Norte, como la tuvo Briton Riviere. Es cierto que he visto fotos y películas, que he leído libros. Pero nada se compara con ver un lugar en persona, con vivirlo en carne propia. Ya el tiempo lo dirá: en unos días estaré zarpando desde la localidad de Longyearbyen, en Svalbard. Navegando esos mares helados, entonces quizá tenga la dicha de encontrarme con una imagen similar a la Riviere: la de un oso, solo en un risco, a la hora que el sol comienza a esconderse.

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