Article
0 comment

Mis quince minutos de fama

A 694203-page-001

Si alguna vez rocé la fama, sin duda fue cuando aparecí en la tapa del suplemento cultural del Diario La Capital, de Rosario. La foto nos la sacó una pasajera, en uno de nuestros muchos viajes a la Antártida.

Era hermosísima, de nacionalidad estadounidense pero de ascendencia iraní. Nos tomó la foto porque le causé ternura. Si yo no hubiese estado ahí, estoy seguro de que no se hubiese molestado en enfocar su cámara en nosotros. Sino échenle un vistazo rápido a Fede: barbudo, desalineado, con una campera gastada que se parece más al atuendo de un linyera que al de un expedicionario antártico. ¿Quién puede querer tomarle una fotografía? En cambio yo aparezco radiante, más rojiblanco que nunca, con una actitud muy relajada pero a la vez muestro seguridad. Llevo puesto el chaleco salvavidas que me fabricó mi amiga Yukie, una japonesa que trabaja con nosotros. A todos les gusta mi chaleco, sobretodo a las mujeres. A veces tengo suerte y me acarician.

Después de que se publicó esta nota me empezaron a llegar cientos de correos electrónicos. Me escribieron osos de la infancia y de la adolescencia; algunos viejos amores, posiblemente tentados ante la posibilidad de que me convirtiera en un oso mediático y, por ende, rico; y también humanos que no veía desde hacía años. Ahora todos se reencuentran por Facebook, pero a mí no me gusta eso de ser «amigos» con gente que jamás crucé más que un par de palabras. Fede tiene más de mil amigos en Facebook. Apuesto a que de esos, ni siquiera se habla con cien. Me parece absurdo exponer mi vida frente a una legión de extraños. Cuando apareció la nota con mi foto de tapa, reaparecieron muchos conocidos y me escribieron una seguidilla de estupideces. Y no faltó el clásico: «agregame en Facebook Italiano». «No tengo Facebook», les digo yo «y por ahora no quiero tener». Con actitudes como esas, a veces la gente piensa que soy parco y antisocial. No es así, simplemente estoy un poco enchapado a la antigua.

Ya pasó bastante tiempo de esa nota, y de esos nuevos admiradores, ya pocos se acuerdan de mí. Pocos, sí, pero los que lo hacen son aquellos que valen la pena. Los demás, el relleno, sirve para inflar un poco el ego. Lo mismo que la fama. De todas formas, creo que aquel que diga que no le gusta trascender y ser reconocido, está mintiendo. Cuando estás ahí arriba, cuando la gente puede comprar una revista con tu imagen en la tapa, es imposible no sentirse en la cresta de ola.

Leave a Reply

Required fields are marked *.