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Tristezas de un Doble A

bandoneon64

Once y media de la noche. Suena un bandoneón. Un bandoneón alemán (como muchísimos bandoneones), pero en argentina, en Buenos Aires, tocado no por un porteño, sino por un marplatense. El tango se llama «Tristeza de un doble A», el maestro, Astor Piazzolla.

Hay gente que dice que Piazzolla no es tango, que es una ultraja para la música del Río de la Plata. Que no es lo mismo, que es otra cosa.

No soy músico ni tampoco puedo decir que soy un gran entendido en materia de tango. A lo sumo declaro que amo bailarlo, pero no mucho más. Pero aún así, en mi humilde opinión, me atrevo a enunciar que Piazzolla no solo es tango, sino que es mucho más que eso. Piazzolla es Buenos Aires entero, es la Avenida de Mayo, desde el Congreso hasta el Cabildo, y también la 9 de julio, en toda su anchura. Piazzolla es los callejones de la reina del plata, todos juntos, pero de noche, vacíos. Piazzolla es la Boca, San Telmo, Monserrat y San Nicolás y también Palermo; es Carriego, es Borges, Cortázar y Pichuco. Piazzolla es una orquesta entera, con otros bandoneones, violines y pianos, y la piel de gallina en un departamento del barrio de Palermo, a las once y media de la noche. Sí, sus detractores tienen razón. Piazzolla no es tango, es algo que va más allá, que lo eleva hacia otro nivel, ni peor ni mejor, pero sí muy distinto y, por supuesto, irrepetible.

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